Como dispositivo de dominación y argamasa macabra de la sociedad cis/hetero/patriarcal en este capitalismo tardío, cada vez más depredador, la violencia se declina y se conjuga en todas las instituciones que recorren la estructura social. La violencia no es, pues, una anomalía que se pueda extirpar con un bisturí, sino un modo específico de cohesión social que desdibuja los límites entre la guerra y la paz.